English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

AVISO!! TODO LO QUE SEA DE COSECHA PROPIA COMO POESÍAS, ETC, POR LA LICENCIA DE CREATIVE COMMONS, SE RUEGA QUE EN CASO DE COPIAR, SE PONGA LA FUENTE Y/O AUTORÍA A MODO DE RECONOCIMIENTO. GRACIAS.

SI QUIERES, PUEDES
INFORMARTE DESDE LA PÁGINA DE FACEBOOK


miércoles, 8 de noviembre de 2006

Amor y amnesia por una canción

Un día comencé a escuchar una musiquilla. No recuerdo cuando empezó pero de que me quise dar cuenta, ya incesantemente la escuchaba en mi cabeza una y otra vez: una... y otra vez. Era como si hubiese encontrado un cómodo lugar dentro de mi mente y de ahí no se quisiera mover.

Resonaba en mis oídos constantemente sin importar si caminaba o si me sentaba. Ni siquiera si ya en la cama, mis ojos poco a poco se iban cerrando porque con ella me dormía y con ella me iba despertando levemente del sueño hasta levantarme.
Era tímida; no gritaba sino que más bien me susurraba suavemente. Y tampoco era muy habladora; en realidad, la canción era muy corta aunque lo suficiente como para repetirla sin estresarme, por lo que no me pesaba. Tampoco me incordiaba pues era un canto alegre. Era... sencilla; e incluso tenía un cierto afán por intentar ser culta. Pero curiosamente, por más que lo intentaba: por más que se repetía; nunca lo conseguía.
Me la llevaba a todas partes. O más bien... era ella la que me llevaba a mí.

Pero un día, parada ante un paso de peatones esperando a que el semáforo cambiara a verde, cuando lo hizo crucé y en mitad de la calzada, un pintoresco coche se la llevó por banda. La atropelló junto a su ruido estridente que tenía por música y desde entonces, no la he vuelto a escuchar. Dónde se esconde, a dónde ha ido. Me ha hecho revolver todos y cada uno de los compartimentos de mi mente: recuerdos, pasado, retos... buenos y malos momentos. Pero no la encuentro. No recuerdo su melodía ni sus palabras. Sólo recuerdo sus caricias y mi afán (ahora) por de nuevo estrecharla.

martes, 7 de noviembre de 2006

Temporal-mente nublado




Miro por la ventana antes de salir de casa, poco más que adivinar el sol se puede, mas no queda más remedio que seguir con la vida y salir.
Ya en la calle, con el suelo mojado y la atmósfera húmeda, el agua resbala hacia las alcantarillas sino es que se estanca en los charcos. Camino sin nada detenerme, y al poco de cruzar la calle y entrar en la gran avenida, llega el viento que azota compulsivamente trayendo nuevas nubes más oscuras, cargadas de agua, introduciéndonos en el abismo.

Es increible a veces con qué facilidad puede llegar a diluviar de forma tan rápida. En escasos segundos, empiezan las primeras gotas y en lo que dura un parpadeo, ya lo único que ves es una neblina de agua que ocupa sin límites toda tu visión trasladandote a otro lugar. Intensamente cae del cielo al suelo, empapando irremediablemente todo lo que a su paso se encuentra. Entonces, la gente corre, se protege con lo que puede, hasta que llegan y esperan debajo de los balcones a que pase o al menos mengüe su intensidad mientras otras personas continuan sus caminos a la vez que la lluvia se adelanta a sus pasos, floreciendo así sus tormentos. La oscuridad acecha a la ciudad y a la vez, los faros de los coches son los únicos que irradian luz en este día nublado.

Agua que emana incesantemente y de forma salvaje de las nubes, acostumbra a ser odiosa para las personas, pero no es así para las que descubren que en un día posiblemente irrepetible por suerte o por desgracia, no les importa salirse de los esquemas habituales de la normalidad una vez mojados y así danzar en los charcos, ir a contracorriente del agua que recorre las calles, o reirse de la situación y hacer una mayor locura aún: dejarse empapar por la precipitada precipitación, como si ésta sólo existiera en tu imaginación ocupando cualquier lugar de la vía, de la calle libre por la que practicamente sólo transeunta la crispada lluvia. Tan real, como la adrenalina que recorre tu cuerpo dejando atrás el frío hasta que vuelves a la realidad y de tus zapatos, no hace más que salir agua por las numerosas gotas que le han impactado, y también por las que resbalando y recorriendo tu cuerpo, ahora se segrega de éste y se ahogan con el resto, fluyendo rápidamente como rios de cristal que discurren hasta llegar a las bocas de acero donde desaparecen, ocultándose entre callerías que recorren sujetas al cemento.

¿Qué perfume pudo ser?

Atentamente escucho pasos: tacones que resuenan en las escaleras sin saber bien de dónde proceden, por dónde vienen o si por el contrario, se alejan. Se mueven y yo me muevo. Al poco los escucho ya más claramente, más cercanos. Sé que vienen del piso de arriba. Y de repente... al cruzarnos antes del descansillo entre planta y planta; entre escalera y escalera, una rápida mirada de esa persona que alza inesperadamente su cabeza y baja con prisa aunque tanteando sus pasos, me basta para reconocerla. Un instante y nada más; pero el suficiente para deslumbrarme con un cierto encanto.
Cuando llego al descansillo me giro: ella continua sin que nada le pueda interrumpir mientras yo; por mi parte, continuo con mis pasos. Unos pasos que cada vez más lentamente andan hasta casi llegar a detenerse de igual modo que el tiempo. Entonces, aspiro profundamente mientras a la vez, mis ojos cerrados, como volando y fluyendo entre nubes, desprendiéndose de mí una rotunda evasión, sonrio levemente con grata satisfacción. Qué aroma!!! Qué perfume!!!
Una exquisitez para el olfato.

Continuo mis pasos con la sensación de que eso ha hecho empezar con buen pie, el día nublado que amenaza no se sabe bien si con lluvia o simplemente con oscuridad.
Ya en clase, el poco gentío de afuera parece incordiar la explicación y de nuevo, una vez más; se hacerca y antes de que pase por mi lado, mi olfato y mis pulmones se preparan para saborearlo de nuevo. Qué hermosa tranquilidad; que hermoso suspiro!!
Qué alivio!