English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

AVISO!! TODO LO QUE SEA DE COSECHA PROPIA COMO POESÍAS, ETC, POR LA LICENCIA DE CREATIVE COMMONS, SE RUEGA QUE EN CASO DE COPIAR, SE PONGA LA FUENTE Y/O AUTORÍA A MODO DE RECONOCIMIENTO. GRACIAS.

SI QUIERES, PUEDES
INFORMARTE DESDE LA PÁGINA DE FACEBOOK


viernes, 28 de abril de 2006

Fotografías I




La curiosidad de los fotógrafos es desbordante. Cuando en un momento determinado a cualquiera se le escaparía una imagen, ellos captan con su gran y potente ojo (el objetivo) la curiosidad antes de que pase de largo.

VERANO COMPARTIDO.

Verano vertiginoso
que te deslizas por mi mente
con un paso rápido pero ancho,
¿qué es lo que sientes?

Agua fría y cristalina
que mojas los cuerpos
por tus sábanas arrugadas,
me deslizo y te siento.

Sol radiante y pesado
que te opones al frío
y eres contrario a tu pasado.

Arena blanca y fina
que desapareces en la orilla
te muestras incansable
con los miles de turistas
que te visitan.

Cielo azulado
donde no aparece el gris
reflejado estás sin querer
en el mar que tienes al lado.

Brisa marina
que no cesa incansable
como una musiquilla.


Mosquitos que suenan
en la noche de verano
que no te dejan dormir
ni aunque se apague
la llama del amor
ni aunque le veas venir.

Gotas de sudor
que se desplazan por la mente
y no es porque pienses
si no porque de calor te mueres

Música de infarto
das asco
borregos bailan
y corean tus canciones
que hacen daño.

Arte I


LUGAR

Lentamente el aire me asfixia,
Cuando no sé encontrar
El amor y el cariño
que tu me das.

Busco un lugar en este mundo
Que no sé encontrar;
A veces pierdo la fe
Y otras encuentro la paz

A veces quisiera morir no de soledad
Pero sí por amar: por amar
La libertad, el arte, la paz y la ética
La cultura, el amor, la fidelidad, la felicidad

Quisiera que muriesen
Desvanecidos en el intento:
La patria, el odio, la especulación, la indignación
Las armas, las guerras, las mentiras y la falsedad

A veces quisiera cerrar los ojos
Y encontrar un lugar
Donde me pudiera identificar:
Un lugar que hoy no sé encontrar,
Y espero que algún día
Ese sueño se haga(convierta) en realidad

Llámalo:
Sueños o ilusiones;
Utopías o irrealidad
Pero busca y encuentra tu lugar

SER

Maldita la vida que me hace ser
y maldito el sol que me hace crecer.
¿Quién eres, quién soy?
Una persona sin personalidad
un muñeco o un barco con vaivén.

Moriré cuando muera,
no cuando Dios quiera.
Por eso,
no busco la muerte
Ni tampoco la vida:
solo busco ser.
Ser un puñado de huesos y músculos
O ser un puñado de cenizas,
mas ante todo ser.

Ser como yo quiero ser
y no como ellos
quieran que sea
porque entonces,
no seré yo;
serán ellos.

Animalillos I



UN AVE MÁS.

Si fuera una ave,
Ahora volaría hasta lo más alto,
Atravesando las fronteras
De mares y océanos.
Viajando,
Por ciudades y pueblos
Que jamás he pisado

Y en cada trayecto,
No sería más que un punto,
En mitad del cielo.

El cielo: ese espacio
En el que me uniría por necesidad
Para no estar en soledad,
a una bandada

Que sin querer y por instinto,
Formaríamos figuras artísticas
Inimaginables y jamás descritas,
Por aquellos seres que nos miran.

UN SUEÑO EN EL OCÉANO

Un horizonte lejano;
eso es lo que veo en medio del océano,
y los rayos de sol reflejados.

El aroma que ahora aspiro con los ojos cerrados,
es traído y llevado
por la brisa que enfría los rayos; el calor de este verano.

La misma brisa que me acaricia
como si se tratase de los dedos de una mano fría,
introduciéndose por mi pelo
y acariciando mi delicada piel.

Intento alterar abriendo los ojos,
esta inmensa tranquilidad que me invade,
mas me deslumbra la fuerte y nítida luz;
y tras colarse por mis oídos, el ruido de una sirena,
me despierto de mi sueño,
y al mirar por la ventana, solo alcanzo a ver,
unos árboles de hormigón,
y unos riachuelos de cemento
en medio de esta realidad,
que me marcó el tiempo.

Sin complejos I






Cansados de actuar, de interpretar. Como humanos necesitan a veces hacer un poco el tonto para reirse de sí mismos.

jueves, 27 de abril de 2006

SUENAN LAS CAMPANAS.

SUENAN LAS CAMPANAS.

Bajando del coche piso con mi zapato irremediablemente la orina, el escupiñajo, el agua de la lluvia, todo ello evaporado y además, el microoscópico polvo del espacio que llega incansable sin hacer tregua a este acto. Todo sigue igual.: nada ha cambiado desde que vine por última vez. No sé cuando fue. No lo recuerdo; posiblemente fue en mi adolescencia, pero aquí es como si el tiempo se hubiese detenido. Corre un ligero aire que mueve los vestidos negros. Me dirijo hacia la Iglesia, no sin antes verme obligado a detenerme antes las vanas disculpas, compadeciencias y pésames de la muchedumbre y recordándome que tengo la misma cara que el fallecido en sus mejores momentos de vida, e indicándome que ese iba a ser mi destino ya escrito. Sopla de nuevo el viento y como si las hubiese cogido, retirado, retenido y después soltado, las campanas suenen de nuevo. Me adentro a la infame Iglesia donde todo es más de lo mismo: vestidos negros, caras largas, pañuelos entre las manos... Era como si una tragedia hubiese atado a los presentes con el mismo cordón: hecho del mismo material, del mismo color y puesto a todos de la misma forma.

Devorado el silencio tras los ecos de las campanas por los primeros suspiros entrecortados, me siento como el protocolo indica; lo más cerca posible del fallecido: en el primer banco. El cura comienza entonces con su trabajo, pero sus palabras no serán escuchadas por mis oídos, cayendo en la debilidad y aunque sea por un momento, pensar que hay un ser supremo que , para bien, lo ha ocasionado todo. En cambio, prefiero cercionarme mirando a mis más allegados un instante, para adivinar por sus miradas sus estados de ánimo. Para ello me giro a ambos lados. Todos miran atentamente al cura, escuchando sus palabras con caras enojadas. Giró más mi cuello, alcanzando a ver a mi tío que se encuentra en la segunda fila de bancos, al lado del asiento más próximo a la esquina derecha. Aparentemente estaba como todos, pero sus ojo izquierdo excesivamente desviado, miraba sin mucho ainco al ligero escote de la mujer de al lado, aunque éste sostenía entre sus manos sudorosas la mano de mi tía. Intentaba no pensar en nada, pero me era casi inevitable recordar al fallecido, cuando aún su corazón latía. Su continuo aliento a cerveza, su grotesca, amarillenta y canosa barba, su refinada naríz, sus excesivas ojeras, y las entradas de su cabello. Pero sin embargo, me cuesta encontrar y recordar un recuerdo en el que se reafirmara nuestra unión más allá de por ser meros familiares.

Detine el cura sus palabras, mientras la gente en orden, se acerca por última vez a contemplar físicamente al muerto, aunque algunos de ellos le hablan, le susurran, mostrando aún muerto, sus confianzas al confidente. Me espero a ser el último, mientras el intranquilo silencio sufre un goteo continuo de reiterados pésames. Entre algunos llantos, voy viendo con cada paso, su caja brillante y reluciente, mientras poco a poco doy un paso, otro paso y otro más, hasta que finalmente, entre una especie de relleno de tela o de seda blanco,me lo encuentro. Le reconocí y supe que era él, pero a juzgar por como iba vestido (trajeado; cosa que nunca le había visto así. Es más; incluso dudaba de que tuviese un traje tan formal), por el maquillaje que llevaba, por sus cabellos peinados y sus barba arreglada, era como si todo lo que no se dejaba hacer en vida, se lo hubiesen hecho ahora, y de este modo, me daba la sensación que si él ahora viendolo ahí aparentaba un financiero ejecutivo, todos los demás siguen la misma tónica. Me quedé mirándole un momento: parecía dormido, solo que ahora sus sonoros ronquidos-como me imagino que deben de tener todos los que rondan su edad- habían cesado.

Casualmente, momentos antes de saber la fatídica noticia, supe que a los muertos antes de enterrarlos, les ponen un tapón en el culo para evitar la salida de los gases, debidos a la putrefacción y descomposición del cuerpo. Cuando lo supe, me entró la risa: incluso me parecío curioso, pues no era algo en lo que hubiese pensado. Pero ahora que no sé por qué me había venido a la mente, solo de pensarlo me entro asco e incluso repugnancia, quisiendo dejar de verle. Supongo que eso debe de ser una de las tantas cosas que no se dicen a los familiares dada la delicada situación por la que pasan. Pero lo cierto era, que aunque el difunto fallecido solo se acordaba de Dios en el momento de extrema intimidad: para “cagarse” en él, no entiendo como pueden haber personas que no quieran donar sus órganos, con el pretexto de que por si acaso hay una segunada vida, se encuentren sin corazón, pulmones, hígado ni riñones. No sé si no será peor ( en el supuesto de que están en lo cierto), levantarte un día por la incomodidades de tener un tapón adosado en el pompis.

Me dirijo hacia mi sitio mientras el cura continúa con la ceremonia, y al poco de sentarme, descubro a mi lado la mirada nublada y perdida de una chica. Estaba como ausente pues miraba al horizonte con sus ojos llenos de ansiosas lágrimas que contenidas, esperaban un impulso, una pequeña exaltación, para finalmente salir, derramarse y caer por el lagrimal, desliźandose por su cara, salvando el pequeño meandro del orificio de su nariz, resbalando después por sus labios, hasta caer al suelo, o terminar en sus manos, ahora semicerradas. Pero/ solo que era como si no estuviese aquí. No quería que se sintiese sola y se perdiera en sus recuerdos (o en lo que estuviese pensando) , de modo que para no asustarla, congelada su mirada y detenido el tiempo, primero acerqué lentamente mi mano a la suya que se posaba sobre el banco. Le siguieron mis finos y fríos dedos. Y aún con su mirada perdida, bajé al instante la palma superponiendo mi mano sobre la suya, enlazando nuestros dedos y uniéndose las dos manos. Al instante, Entonces, su reacción no fue otra que un pequeño salto , supongo por el vuelco producido en su corazón, percatándose de mi presencia, interrumpiéndo su intimidad, prisionera atormentada por un instante, de su soledad. Volvió en sí, contorneó su mirada sobre los coloridos dibujos de la ventana, parpadeó de forma reiterada y rápida por primera vez desde que la había visto y me respondió agarrándome la mano; presionando su mano contra la mía, y entrando así su mano y mis dedos en calor, mientras ambos mirábamos . Apenas deslizó su cuello, cuando se detuvo al costado izquierdo, quedándose de nuevo mirando fijamente a algún lado o a algún objeto, que mis pupilas giradas y atraídas no alcanzaban a ver. Escasos segundos después, volvió a girarse, mientras con el fin de seguir su mirada, yo también lo hacía. Así; nuestras miradas se encontraron y sin decir nada, nos quedamos mirándonos. Su mirada tan fija a la mía como antes la había puesto en aquellos objetos; ¿Se estaría ahora perdiendo en mí? No eran necesarias las palabras y de haberlo sido, no sé qué le podía haber dicho. Por un momento, me pareció que hacía una pequeña mueca sonriendo levemente como Mona Lisa. Le respondí con la misma mueca, y a continuación, mientras ella desviaba su mirada para sumarse al resto de la gente que observaban y escuchaban con atención las vanas palabras del cura, fue retirando la delicada fuerza que unía nuestras manos, de la misma forma que lo había hecho con su mirada, volviéndo así, a ser libre.


Más tarde, después de toda la parlafernaria del entierro, quise tomar un poco el aire y a modo de paseo, fuí recorriendo el trayecto que hacía cuando era adolescente con la bicicleta, cuando el fugaz aire reboloteaba por mi cuerpo. En ningún momento eché en falta comida ni tampoco descanso, pero tras seguirme los pasos el atardecer y cuando la noche ya acechaba y los buhos despiertos comenzarían con su caza, aun lado del camino había una casa de madera ante la que me detuve. Siempre había pasado por delante de ella, pero nunca me había llamado lo suficiente la atención como para decidirme a entrar. Estaba maltrecha y parecía abandonada. Recorrer los pasos andados hasta volver a casa me hubiese llevado varias horas y puesto que supongo, nadie me iba a echar de menos, decidí quedarme allí. Asique me desvié del camino y tras superar sin ninguna dificultad la vaya, me adentré ante los incesantes y desordenados ruidos de la noche, como los de los grillos, y luces pocos visibles, como los d las luciérnagas. A cada paso que daba la madera descoloreada y visiblemente erosionada del porche crugía mientras a fuera, la oscuridad de la noche era observada por el guiño iluminado de la lejana luna, cuando las nubes blancas y poco espesas no se interponían en su camino y se lo permitían . Al mismo tiempo que desplazaba las nubes, el ligero aire que corría en la superficie, hacía mover las altas hojas de maíz secas, chocándose unas contra otras cuando inesperadamente el viento cambiaba de dirección. Abrí la puerta principal y entré. Todo estaba demasiado oscuro y al no haber luna llena que sombreara la penúmbra, se me hizo imposible dibujar, reconstruirme la casa a partir sus sombras. Toqué la pared alrededor de la puerta. Hallé un interruptor, pero tras accionarlo, nada se encendió. Debía de hacer mucho tiempo que nadie pisaba esa casa, y ante la eternidad de los días, la electricidad se habría rendido, naufragando por el día y en los días de luna llena, de modo que nada se encendió y como una sombra más, en medio de la oscuidad me encontraba, sin nada con que situarme, ni que me hiciera de referncia, pues allí nada brillaba ni reflejaba: ni metales, ni cristales. Es más; dudaba que allí hubiese bombillas, electricidad, y mucho menos algo valioso, pues problamente ya habría sido saqueada la casa, hace mucho tiempo, desbalijandole los muebles. De todos modos, con lo que nadie se quedaría es con algún ratón o incluso talvez, alguna culebra de campo que esperé encontrarme. Me quedé immóvil esperando escucharles, dado que era un invasor de su territorio, pero nada. Allí no había nada ni nadie. Solamente estaba yo, y los silencios interrumpidos continuamente, por los ruidos de la noche. Me tumbé en el suelo me acurruqué los más que pude y como pude puse sobre mi cuerpo la chaqueta, para resguardarme del leve frío que corría por el suelo.

“Rash... rash... rash...” Ese fue el sonido que me hizo despertar. Abrí los ojos. Aún era denoche y el ligero aire continuaba junto a los ruidos de la noche. No sabía cuánto tiempo había dormido, pero mis anteriores predicciones se vieron ahora correspondidas: no estaba solo. Allí había alguien más, pues aquel ruido era el de una afilada hoja ondulada que rasgaba intentando cortar algo. Me repuse sigilosamente y tanteando mis pasos en medio de la oscuridad, me acerqué hasta donde creía que venía aquel ruido incesante, mientras la curiosidad y el misterio me hacían continuar con mis pasos, y en cambio, mi imaginación, me devolvían macabras escenas de cine, de pesadillas, de miedos... imaginación descontrolada, que me llevaba a pensar en trozos de cuerpos desnudos, en el canivalismo, o en la enfermiza mente de un asesino, lo cual me hacía cada vez más, tener la sensación de ser un trapecista que anda sobre una fina cuerda, desprotegido, y con la única ayuda de sí mismo, para que no tiemblen sus pies, se tropieze, y finalmente caiga impulsado por la gravedad. “Rash... rash... rash...” aquel ruido provenía del otro lado de la puerta de atrás, situada justo en frente de por donde había entrado. Por los pequeños espacios como canalillos entre la puerta, el suelo y la pared, veía el resplandor de una llamarada. Dispuesto a descubrir qué era aquello, toqué primero el pomo. No estaba caliente. Después, deslizé mi temblariza mano, y apoyando tan solo la llema de mis dedos, abrí ligeramente y con gran lentitud la puerta, intentando que no chirriase pero estaba tan destartalada, estropeada y vieja, que me fue imposible llevar a cabo mi intención, y en cuanto rugió con ímpetu, desaforadamente la puerta, me frene en seco. Por un instante, aquel ruido paró. Contuve la respiración, como si por hacer aquello me fuese a salvar o a perdonar. El silencio era infernal, y al cabo se escasos segundos, escuché de nuevo “rash...rash...rash...”. Tragué saliba antes de asomar el lado drecho de mi cara, y observar. Lo único que alcanzé a ver fue una fogata que alguien habría encendido. Volvió a parar el ruido y al poco, una extraño ser apareció describiéndose, dibujándose en las sombras del fuego. El contorno de la silueta de una persona normal y sentada, sería como la de una “ E ”, pero sin el larguero, es decir, “ “. Pero sin embargo, la de aquel ser, era en forma de “ C “. Una “c” perfectamente descrita en las sombras que se dibujaban en el suelo, por lo que era evidente que no se trataba de iniguna gigantesca joroba. Sus largas uñas eran de tla tamaño, que podían hacerse pasar sus manos ( si es que lo eran) por las garras de un felino hambriento, solo que éstas, de lo único que no dudaba, era de que sujetaba el afilado y ondulado cuchillo, mientras la otra sostenía el irregular objeto posiblemente muerto, pues no se movía ni emitía ningún chillido, o almenos, no audible para los humanos.

Estaba tan atónito, estupefacto, que no pensé en salir corriendo y ponerme a salvo de aquel imposible ser, pues mis ojos sublevados a la intriga continuaban observando, divisando, pese a que sabía que pasase lo que pasase, sea lo que fuera aquello, ya nada me haría dormir por esa noche, tras ver a aquel ser bestial e inhumano. Porque es cierto: lo ví. En un instante, pasé de ver a ser visto. Todo porque una vez más, la dirección del viento cambió repentinamente, desequilibrando las sombras por el movimiento de las llamas(impulsando) dejando ver el tiempo justo/suficiente, la puerta medioabierta y yo mirando. Entonces, paró de nuevo el ruido y escuché “ Quién anda ahí!!” El ser se levantó y ahora figura era la de una “ Ç “, donde lo único recto que había en su figura eran sus piernas y sus brazos. Se agachó; o mejor dicho; flexionó las piernas, bebió un trago de una botella y cuchillo en mano se acercó hacia la puerta. Intenté dar un paso, pero solamente desequilibrar el peso de mi cuerpo sobre la madera podrida ya hacía ruido, y al escucharlo aquel ser, de una patada abrió la puerta. Pasó por delante de mí sin darse cuenta de que yo estaba allí. Gracias a la fogota que ofreció penunbra, le pude ver claramente: grandes ojeras, barba canosa y amarillenta... y desgraciadamente, tambien tuve que oler su aliento, colmado a alcohol. Contuve la respiración. No podía ser que fuese él! Quise tragar saliba, pero tenía la boca completamente seca, y además, temía que el menor ruido lo escuchase y me delatara, descubrińdome. Era, me sentía, más que como un mimo, como una marioneta, como un espantapájaros. Se quedó atento y en silencio mirando en la oscuridad, esperando encontrar algo que le dejase tranquilo. Posiblemente él se conocía cada parte de aquella casa, y después de unos momentos de incertidumbre, se giró, y cuando fue a volver a su fogata, comenzó a olisquear, hacercándose cada vez más a mí, adivinando mi presencia. Llegó a hacercase tanto, que pude sentir su apestoso aliento sobre mi barbilla. Y en aquel justo y precioso momento, mi estómago habló, al igual que al intante, lo hizo él “me caguen en Diós!” Era él?!. “ Que coño hasces aquí! Largo! Fuera de esta casa, sino quieres mi comida de mañana!” Sus largos pelos de la refinada nariz se juntaban con los de su estropeada barba. Sólo había una forma de saber si era él. “Disculpe señor, no tendrá usted un... un...- me observaba atento para que no se le escapase nada, amenazandome con aquel cuchillo- un tapón clavado en el culo?” “ Será sabandija!” Salí corriendo sin pensármelo dos veces, esquivando el cuchillo. Corrí y corrí sin detenerme, hasta que agotado miré hacia atrás y llegué andando hasta casa. Hay que ver lo mal que le sentó una simple pregunta. Siempre fue así. O debería decir... siempre es así?